viernes, 17 de abril de 2009

Laberinto Incomplet.o (SE VENDE)

Como que hay laberintos con una sola puerta que cuando la cruzas es una entrada a un mundo de piedra, pero sólo a los lados. Y por las noches sobre la cabeza inmutable de Teseo una luna cambiante ilumina callejones sin salida y pasadizos que se retuercen sobre sí mismos para desembocar otra vez en la idea de perdido y en la certeza de un monstruo. Pero y si luego el minotauro...
El minotauro sabe, como Teseo, como que hay laberintos con una sola puerta que es una salida a un prado de acelgas. El sol cuenta los días en el prado, cuenta las horas; las moscas cuentan los minutos.

- Escucha Teseo -dice el minotauro- cómo en el prado cuentan las moscas los minutos, como que los campesinos armados con horcas ansían ensartarme si voy y salgo para así matar al Laberinto y con las piedras de sus muros construir una esfinge y un enigma.

- Mira Minotauro, en mi mano traigo este bastón. Apoyado en él he recorrido las noches de tu morada cuando la luz declinaba. Por las mañanas caminé a cuatro patas. Pero hace ya tanto tiempo de esto que no recuerdo qué hice al mediodía. Afuera sólo oigo la mano que moja sus dedos en la saliva de Elena y ris-ras aserrucha su túnica. Oigo los ojos que risras aserruchan sus piernas y las manos que buscan todavía la saliva de Elena caliente en su boca y la traen a otra boca y ris ras. Pero otro propósito es el que me trajo aquí. Armado con este bastón vine para matarte y perderme en el Laberinto para encontrar la salida. De mi triple propósito sólo he podido cumplir la parte más fácil y ahora que veo la oportunidad de dar un paso más en el camino que me impuse no sé si me alcanzarán las fuerzas y el vino para llegar afuera y dar por concluidos mis trabajos.

- Hablas con muchas palabras, hermoso Teseo, pues así me place llamarte. Cuando me mates, con ese mismo bastón cortarás mi cabeza de toro y la mostrarás a los campesinos para que sepan que has triunfado en tu triple empeño. Mi cuerpo de hombre oirá el lamento del ris-ras en los ecos del laberinto cuyas piedras darán forma a la Esfinge. Como ves, al final todos los caminos llevan a Roma.

o o o

Como que esto no es un relato o como cualquier otra cosa que unas hormigas irracionales puedan trazar en torno a una X rosa. Como que un punto y el infinito son dos conceptos casi iguales y algunas membranas membranas branas. Y Membranas adentro, membranas afuera, ris-ras aserruchando con serrucho infinito de vorágines y dedos dedos dedos. Eventos

Eventos con coletas extrañas. Branas unos momentos como que son de otra dimensión, como un vaso de vino en el césped claro de sol luna viento. Apenas dos segundos, dos minutos, dos coletas como que son algo que ris ras de piedra pom. O como que la luna pinos verano. A ver, a ver, como que mariposas que antes orugas que aún antes pino luna y tal vez luego boca seda saliva. Trepar. O tal vez, sí, como que el propósito de cena pero vino cerveza tabaco. Y como que Luis. O como que Rosa-merienda-cena.

O como... pero no "como" sino "porque", porque si agitas un bote de cerveza y después giras tu dedo en la base en sentido contrario a las agujas del reloj al abrirla no salpica. Porque el tiempo va al revés. Porque el trabajo.

O porque... pero no "porque" o sí "porque", porque una mirada cruzada en una sala atestada de y como que "y qué será esto" y "mira ahí está como que ¿qué?" Como. Que qué.

O ser un refugio y ser un algo del que brotan canciones y virus divertidos. Como que hoy es algo y pasa algo. Como que algo. Y ser cómplices y ser ser ser. Como que pom pom pom. Coletas patillas flequillo nenazas. Como que ris ras pom.

martes, 24 de marzo de 2009

ORTAUC

Y la cosa es que sólo existe el cuatro, que no hay más números. Pero poniéndose petulante, la Cosa podría ser una Teoría e incluso una Cosmogonía.
Kuatro, Quatro, Cuatro, 4.


  • 4+4=4
  • 4-4=4
  • 4x4=4
  • 4/4=4

¿Para qué más? El Padre, el Hijo, el Espíritu Santo y Cuatro. Los cuatro jinetes del apocalipsis, cuatro patas tiene el gato, ganar cuatro duros y si total son cuatro días. Cuanto más fácil sería todo, y qué cómodo. Pero ¡ay! cinco lobitos. Y se nos tuerce la teoría, la cosa. Las hormigas se salen de la fila, pero no, haún no.

Digamos que cuatro, aunque sea sólo otro poco. Una habitación de 4 metros cuadrados. Y claro, hay habitaciones más grandes que otras, pero se debe a que no todos los metros son iguales. Y el Rey, un rey, tiene habitaciones de metros muy grandes y yates de metros muy largos, pero no todos los reyes son iguales, y el caso es que las hormigas... O sea, la escritura, o como Oliveira, la hescritura. Intentamos poner por escrito algo, (una) idea-semilla (o cuatro), que nacen en algún lugar del cerebro y las hormigas forman filas y las llevan a otro lugar de otro cerebro -o de mi otro cerebro- donde se leen las ideas. [Y entonces pisamos la fila (porque no somos Dios) y chafamos el verbo y la frase un poco destartalada; y si también el adjetivo la frase sólo un poco. Y entretanto, tendidos en el suelo, Queda y Destartalada retuercen las patitas.]

Me pregunto si hay tiza negra, pero creo que no, que para eso está el carbón, para pintar rayuelas negras de hormigas. Rayuelas con el 4 repetido en todas sus casillas. Y una piedra. Y lanzamos al 4 y atinamos y si en uno de los saltos pisamos la raya -claro, como no somos Dios- y la frase otra vez rota y el verbito todo antenas locas de agonía y así cuesta ser vivir expresarse -si a cada paso handamos chafando hormigas- cuesta contar que me he sentido tan Oliveira a ratos, Oliveira hablando con Oliveira hablando a Pichichi hablando con Pichichi tomando vino-café-coñac en un bar de París que es una metáfora de Valencia que es una metonimia. Que por el cauce viejo corría un río, que ahora hay un parque y que por el parque corría un chaval la otra noche. Por el parque del cauce del río de Valencia de París de Pichichi de Oliveíra de la sinécdoque. Pero las hormigas no aciertan a formar las frases que cuentan las semillas, y encima hay una que se empeña en recorrer la fila al revés susurrando"ortuac". A falta de ideas propias...

jueves, 12 de marzo de 2009

Memorándum?

He visto a un chaval correr huyendo de la policía. Ha pegado la vuelta a la manzana y se ha alejado por mi izquierda, y luego otro giro y lo he perdido. ¿Por qué corres chaval? Me he cruzado con un viandante unos metros más adelante y me ha dicho que el chaval ha saltado por el muro del viejo cauce y que ha seguido corriendo por el parque que hay ahora donde estuvo el río.

-Algo habrá hecho.
-O algo llevaba…

Hemos seguido hablando así de profundos mientras cruzábamos el puente de las flores, pero al poco mi compañero improvisado se ha parado para buscar en una papelera. Tal vez encuentre el alma de Pípol.

He paseado de camino a casa con el dinero en el bolsillo, valorando las posibilidades de la vida y de la muerte. Me he encontrado con Luís tumbado en la cama. Me he sentado a su lado.

- Luís, levántate y anda.
- ¿Y para qué? Sabes, estoy muerto. Me han acuchillado, salté por la ventana, me chafó el tren.

He argumentado con porqués los motivos para levantarse y él los ha rebatido con y para qués. Y al final me he dado cuenta de que el que estaba tumbado era yo y que Luís ahora estaba sentado.

- Anda Pichichi, levantate!

Pero Luís ya era Carlos. Y Carlos seguramente ahora sea Fernanda y Ana será el chaval que huía de la policía o un koala desalmado y así no hay quien se aclare y yo ya no sé cómo seguir porque a estas alturas de la historia nadie parece ser quien yo creía, mucho menos yo mismo.

He escuchado música de camino al trabajo esta mañana y he bailado con el Iron Lion Zion y he cantado con I got my mind set on you o el Rocka Rolla. Y he deseado no tener que meterme en esa oficina oscura, trabajar de jardinero en la calle y quedarme al sol este de primavera que ya casi calienta. Me he acordado de gente hoy. Todos ausentes. Todos out. Tutti Pavarotti. Qué le vamos a hacer. Tampoco tenía nada que decirles. Simplemente me he acordado de ellos.

He hecho las gestiones oportunas para que un perito visite el taller donde dejaré el coche con la cerradura de la puerta del copiloto forzada. He decidido que esto se titularía “Memorándum?” y lo he tecleado en un PC, y he vivido un día entero lo que significa que he envejecido un día y acaso que he madurado unos minutos. Absurda carrera. Las 00:23, me voy a dormir.

always look on the bright side of life

viernes, 13 de febrero de 2009

Historias de Luis

- ¡Mátalo!

Luis con el cuchillo en la mano mira a Pedro con el cuchillo en la mano... el cuchillo en la otra mano... con el cuchillo en el estómago de Luis.

Luis mira el cuchillo frío en su mano, el cuchillo caliente en su estómago; Luis mira a Pedro con las manos vacías de cuchillo, con los ojos llenos de qué; mira a María con la boca llena de qué; mira al tío Juan.

- Y ahora, muchachos, se dan la mano.

"Hay gente que nunca entiende", muere Luis.


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A veces las cosas más sencillas también necesitan un manual de instrucciones, no sea que esta historia transcurra en EE.UU. y le caiga una demanda al fabricante por no indicar que el zapato izquierdo va en el pie izquierdo y el derecho etcétera.

Este relato se lee empezando por "A veces", en la primera línea, y prosiguiendo ordenadamente con el resto de las palabras, de izquierda a derecha, de arriba a abajo, tratando de formar las frases.

Se ha despertado de un sueño insulso con un pensamiento anodino y demasiado temprano. Desahuciado de la cama, Luis busca los manuales de instrucciones de: los zapatos, los calcetines, los calzoncillos, la camiseta, la camisa blanca que le regaló su madre la primavera pasada por su trigesimocuarto aniversario y el traje oscuro; también de la corbata cara y del peine. No hace ruido porque es demasiado temprano para hacer nada. Incluso la calle grande está en silencio 7 pisos más abajo. Ya vestido y arreglado, busca las instrucciones de la ventana; la abre y salta.

Sobre la mesita la policía encontrará su testamento con las últimas voluntades del difunto. Otro manual de instrucciones.


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Hace un día precioso. Luis pasea por la playa reconciliado con la vida y con el mundo después de un invierno demasiado algo. Si te fijas huele a sal; si te quitas los zapatos la arena está tibia. Hay una gaviota y una nena juega en la orilla. Entonces pasa un tren y lo chafa a Luis.

- Pero si estaba en la playa.
- Ya pero lo chafa.
- Pero es que...
- A toda velocidad y lo chafa. Lo descuartiza a Luis.

martes, 10 de febrero de 2009

Historias de sueños y huevos (II)

La semana pasada el Jabalí me invitó a cenar. El caso es que nos comimos la mejor vaca que he probado: ¡sabía a mantequilla! En el restaurante, un viejo edificio restaurado de techos altos con bovedilla y vigas al aire, estábamos él, yo y la camarera-cocinera que se empeñó en que mi padre era de la época de Domenico Modugno y que por lo tanto la música que sonaba tenía que traerle recuerdos. Era una música juguetona, sentida y algo jazzística. Los recuerdos me los trajo a mí. Recuerdos de una impresión al despertar de un sueño.

Voy a hacer un intento más de contar este sueño. Antes de que el relato mate al recuerdo, antes de que el recuerdo pervierta la violenta impresión de la mirada de una niña pequeña que comprende, antes de que la impresión termine por devorar el resto del sueño.

El sueño es una piscina de bordes ondulados, de contorno impreciso... Pero lo estoy haciendo mal, en este relato del sueño la narradora eres tú, y a ti te corresponde empezar el relato.

"La piscina es un sueño de bordes ondulados. Sobre una plataforma en medio del agua, tomando el sol, estás tú. Junto a mí. Y me propones:
-¿Jugamos a salpicarnos?
Y la frase no te suena absurda mientras la dices. Y mientras me miras, esperando una respuesta, ves que la piscina es grande, que su borde (ondulado) se extiende a mis espaldas, que el agua parece azul y que la luz difumina un horizonte de árboles más allá de esta balsa.
- Vale, pero no muy fuerte-, te respondo, y tampoco percibes lo irreal de mis palabras.

El agua te cubre hasta la cintura cuando te bajas. Te sigo. Ahora tenemos justo la edad actual. Me miras de reojo mientras caminamos alejándonos de la plataforma. El agua me cubre hasta la cintura. Se está bien. Juntas los dedos de tu mano haciendo una palita y golpeas el agua para lanzar un chorro todo lo lejos que puedes. Lo ves caer; te giras y me miras. Te miro. Miro dónde cayó el chorro. Avanzo hacia la orilla. Avanzamos. Hay pinos. Vuelves a hacer la pala y lanzas otro chorro: esta vez sí que ha ido lejos.
- ¡Esta vez sí que ha ido lejos!-, te digo.
Te gusta. Sé que te gusta. Yo no podría hacerlo así aunque lo intentara. Soy torpe. Pero no lo voy a intentar: en este juego de uno tú eres el campeón. El resto del sueño te corresponde narrarlo a ti."

Y yo sigo... Entonces llegan las niñas y nos saludan desde fuera del agua -nunca llegarán a bañarse en este sueño- y son pequeñas como cuando nosotros éramos jóvenes y nos bañábamos en su piscina. Comprendo, sé que las niñas cada noche se vuelven bebés, que con el día van creciendo hasta su edad actual. Son las 3 de la tarde. Les pregunto si saben, si comprenden lo que les pasa. La mayor, en ese momento casi adolescente, me explica que sí.
- Cada día volvemos a nacer y crecemos hasta la noche.
La pequeña me mira: sabe lo que le pasa pero lo comprende como una niña de 8 años. Y yo no alcanzo a comprender su mirada, pero ya empiezo a despertarme.

"Ya empiezas a despertarte y la piscina de bordes ondulados y yo y las niñas nos desvanecemos..."

Y lo que queda es una impresión y la mirada de una niña pequeña que comprende algo sobre lo que significa repetir una vida infantil, una y otra vez, condensada en un día de verano. Lo que queda es un huevo frito que llora una lágrima de yema sobre el agua clorada, pero no sabe por qué.

martes, 27 de enero de 2009

Historias de sueños y huevos

Con frecuencia he atribuido las cosas malas que me han pasado a causas externas y las cosas buenas a mis propios méritos. También me he recreado, con placer malsano, en lo contrario: culparme de lo malo y achacar lo bueno a causas exógenas, a los demás. Podría decir que tanto uno mismo como el resto del mundo contribuimos a lo que va pasando, tirar por la calle de en medio y quedarme tan ancho. Prefiero hablar de la influencia recíproca entre sueños y lo que algunos llamarán vida real.

Recuerdo dos sueños que tuve hace mucho tiempo tiempo, en los albores de la humanidad -o por lo menos de mi humanidad-. Por aquella época los diplodocus paseaban en manadas por calles todavía en proyecto y, cuando salías a dar una vuelta, el riesgo no era pisar una mierda sino que ella te aplastara, literalmente. Yo acababa de romper con mi primera novia y me dedicaba en cuerpo y alma a dormir. Me desperté con el recuerdo de una pesadilla de broncas y malos rollos con ella. No estoy seguro de la trama de ese primer sueño, sólo del mal sabor que me dejó. Enfadado conmigo mismo decidí que esa no era forma de empezar el día y volví a dormirme. Entonces soñé con una entrañable canción de borrachos de Tom Waits cantada a coro con los amigos al amanecer. No sé si la canción existe más allá de ese sueño, pero me levanté de la cama con una sonrisa. Si en ese momento me hubiera mirado al espejo habría visto que tenía los ojos de huevo frito azul. Huevos de yema azul; ¡no, no! ojos sin pupilas: sólo con clara azul, con clara de yema.

Una amiga me contó que la otra noche volvía a casa -o tal vez escapaba de alguien- a grandes saltos por la ciudad. Saltos de 15 metros, saltos de 3 pisos. De un salto se subía a un balcón anónimo. Tal vez sea más exacto describirlo como un balcón ajeno. En su sueño, pensaba que allí estaría protegida, que podría descansar. Pero había un perro en el balcón y, claro, le entraba miedo por si empezaba a ladrar y la delataba. Ella le clavaba la mano en la barriga y le arrancaba las tripas y lo mataba. No recuerdo si me describió la mirada del animal. Me imagino sus ojos perrunos como dos huevos morenos: rompo la cáscara y compruebo que están cocidos. El perro tiene ojos de huevo duro sin brillo en mi fantasía del recuerdo de su sueño.

"Yo también he matado", le conté a la asesina brincadora.
En un sueño que tuve hace varios años me enfrentaba a mi padre en el césped del jardín. Era un duelo como medieval, con enormes espadas. Casi no podía con la mía. Mi padre se dedicaba a chulearme con prepotencia, o tal vez yo me sentía muy inferior, muy incapaz de enfrentarme a él. Entonces se convertía en un jabalí pequeñito pequeñito que me arremetía y yo lo esquivaba, pero ya sin miedo, y, cuando quería darme cuenta, resulta que era yo quien lo perseguía y quien lo mataba. No recuerdo sus ojos.
En otro sueño reciente, después de no sé qué afrenta de mi padre, decidía vengarme tirando a la basura todos sus calcetines. Cuando salía de casa con el montón de ropa me cruzaba con él y yo, para demostrar mi cabreo y mi determinación, rompía el último par que había cogido en sus narices. Él me miraba con pena y yo le decía "te jode quedarte sin calcetines, ¿eh?" y el respondía "¿de verdad te crees que lloro por eso?". Sus ojos eran como huevos pasados por agua medio crudos y chorreaban clara de moco y yema anaranjada.
En ambos sueños me desperté con un nudo en el estómago, odiándome a mí mismo por estúpido y por cabrón o por egoísta... no sé, simplemente odiándome.

Tal vez algunas de las obsesiones de nuestros sueños sean la manifestación de espíritus que habitan en nuestro subconsciente. Algunos tal vez son miedos. Algunos son hijos de puta.

[¿Continuará?]

viernes, 23 de enero de 2009

Plano del metro de "Maneras de vivir..."

Guille me ha conseguido un plano de la ciudad imaginaria en la que se desarrolla el relato Maneras de vivir :




¡Gracias profe!